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La senda del chamán

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Periodista: Vista desde fuera, tu vida parece una aventura excepcional. Tantos viajes, tantas culturas distintas, tantas experiencias enriquecedoras y una infancia diferente a la de la mayor parte de la gente.

Raúl de la Rosa: Nací en España y estudié en la Alianza Francesa, uno de los pocos colegios que impartían una educación liberal en la época franquista. Mis padres vivieron en La Unión Soviética, y me dieron una serie de valores éticos y morales que en aquel tiempo eran difíciles de encontrar en una sociedad oprimida. Eso marca, te hace ver la realidad de forma muy distinta a la de la mayor parte de tus conciudadanos y te da una perspectiva amplia y crítica del mundo. De joven ya leí a Marx, a Engels, a Bakunin, a Trosky y a muchos autores que en España estaban prohibidos.

¿Y qué influencia han tenido estos autores en tus obras?

La influencia primera ha sido en mi vida y como reflejo de la vida en mis libros. En todos, incluso en los cuentos para niños, subyace ese elemento de rebeldía, de búsqueda de la libertad que todos necesitamos tener presente, especialmente en estos tiempos en donde la libertad es un valor irrenunciable cada vez más escaso. En La revolución ecológica, la búsqueda de la libertad es el hilo conductor y en él puse buena parte de ese pensamiento social, pero repito que, al formar parte de mí, no se puede evitar que esté siempre presente en todo lo que hago.

¿Y después de salir de la Alianza Francesa?

Como la educación en la Alianza Francesa era en aquel tiempo hasta los once años, por influencia de mi tía abuela fui a los Maristas, y para mí fue un choque tremendo. Yo creía que los valores liberales que había aprendido con mis padres y en la educación francesa eran comunes a todos los jóvenes de mi edad. Y llegar allí me hizo ver la realidad de un país atenazado por el miedo y el oscurantismo. A los pocos años salí de allí y fui a un instituto. Allí viví experiencias muy enriquecedoras y otra forma distinta de relacionarse. Dejé los estudios y me dediqué a viajar y a explorar la vida hasta que tras años de profundizar en la filosofía práctica estudié Filosofía y Letras en la universidad. Tenía interés en saber qué enseñaban a los estudiantes para formar su pensamiento, y no fue demasiado grato comprobar que las instituciones educativas estaban, y siguen, lastradas en el vaivén sociopolítico ajenas a los valores internos que hacen a la persona crítica y libre en su pensamiento y en su vida. No se forman ciudadanos sino súbditos. Y así nos va.

Los escritores quieren llegar a cuantos más lectores mejor. Actualmente existen muchos escritores que escriben por encargo, que escriben pensando en las ventas.

Nunca he escrito pensando en las ventas, y creo que eso se refleja en el resultado final. Escribir con libertad permite trasmitir al lector las experiencias que realmente uno quiere. Prefiero llegar a un público reducido escribiendo con libertad, antes que pensar que debo escribir de tal o cual forma, o contar algo para atraer a más lectores. La labor de un escritor es ser autocrítico, sin caer en la conformidad ni en la complacencia. El compromiso es con lo que uno hace, no con los lectores y menos aún con las cambiantes corrientes mediáticas.

¿Qué te gusta más escribir: cuentos, ensayos, relatos cortos o novelas?

En España el cuento y el relato corto no son muy apreciados. En otros países hay una larga tradición que permite que muchos lectores valoren este género literario.
El relato corto es para mí una especie de explosión interior, que te hace escribir sobre una idea dándole una forma directa y ajustada a lo que quieres trasmitir. Es un género muy impactante para el lector, que en España, quizá porque las cifras de ventas no permiten que surjan escritores que puedan vivir de este género, no funciona.

¿Es cierto que escribir La senda del chamán te llevó más de diez años?

Hay libros mayores y libros menores. Algunos surgen de forma incontenible y se escriben en muy poco tiempo. Otros, son fruto de la destilación interior y para ello se precisa tiempo. Depende de muchos factores, como documentarse, ir a los lugares para impregnarse de su energía y del tiempo diario que les dediques. Algunos libros como La senda del chamán precisan mucho tiempo, mucha meditación, reflexión y repaso de la memoria para recordar paisajes y experiencias que son reflejadas en el libro, por supuesto, noveladas.

¿Tienes algún tipo de disciplina para escribir?

Uso una disciplina indisciplinada. Hay épocas que escribo todos los días muchas horas, y hay épocas en que apenas escribo. Cuando viajo no escribo, no llevo conmigo un portátil ni siquiera un papel y un lápiz.

¿Cuándo decidiste que querías ser escritor?

Nunca he decidido ser escritor, simplemente escribo. Pero escribo sobre aquello que es fruto de mis experiencias e ideas, que considero puede tener interés y ser útil a otros. Si que es cierto que he sido un gran lector, sobre todo en mi adolescencia y juventud, especialmente de los clásicos. Y eso deja un poso en el ánimo. Es una pena que los jóvenes cada vez lean menos literatura clásica. Los clásicos griegos, rusos, españoles, alemanes, franceses, ingleses… en fin la literatura con mayúsculas es una de las mejores escuelas en sí misma que pueda existir. Siento una cierta tristeza de que hoy en día apenas se lea a Platón, a Tolstoi, a Cervantes, a Goethe, a Dickens… Aunque actualmente se lee más que nunca, y eso es ya de por sí positivo, creo que en una cultura sana estos autores deberían ser continuamente los más vendidos. Claro está que también hay excelentes autores contemporáneos.

¿Y esto por qué crees que sucede?

El consumismo no es ajeno a la literatura. Y muchas veces, la presión comercial por publicar es tan fuerte, que las campañas de promoción lanzan a autores menores, y ni siquiera los responsables culturales intentan inculcar a la gente que tengan criterios propios. No es fácil hacer un análisis por uno mismo desligándose de esas campañas publicitarias.

Se comenta que te inspiras en ti mismo a la hora de escribir tus libros, especialmente en La senda del chamán.

Un libro escrito con las tripas, tal como suelo hacer, siempre tiene relación con la vida del autor. Pero en realidad los libros surgen de mi forma de entender la vida y de experiencias vitales concretas más que de mi vida.

¿Sigues trabajando en organizaciones ecologistas? De hecho has sido presidente de alguna de ellas.

Sí, trabajé en alguna asociación ecologista durante muchos años. Fue una época divertida, cuando a los ecologistas se nos miraba mal, como a bichos raros. Luego vinieron otros intereses, económicos, de poder y de egos, un reflejo de la sociedad en que vivimos, que estropearon ese ideal con el que yo y otros muchos trabajamos durante años, y fue el momento de dejarlo. Desde entonces colaboro puntualmente y desde fuera tratando, sin pretender de dar lecciones moralistas, que no se olviden los valores éticos en un movimiento que, como reflejo de la sociedad actual, está bajo el influjo de un sistema capitalista depredador, aunque muchos ingenuamente crean que no. Se ha dejado de querer cambiar el mundo y sólo se intenta mejorar lo que hay, pero mucho me temo que esto no va a ser suficiente. La juventud y la sociedad en general deben recuperar ese afán de querer cambiar el mundo, la injusta y terrible realidad en que vive la gran mayoría de la humanidad, y como consecuencia, el resto de seres del planeta. No, no podemos conformarnos, hay que excluir de las organizaciones que sean un referente social y de la esfera política a los mensajeros, conscientes o no, de un sistema injusto e indigno.

¿Los ritos y las prácticas que aparecen en tus libros son fruto de tu experiencia personal?

Muchos de los ritos los he experimentado como parte de las tradiciones anímicas y espirituales en diversas partes del mundo a las que he ido. Las prácticas forman parte de mi hábito diario, como es, por ejemplo, la meditación.

La práctica de ciertas artes marciales, como es el caso del yudo, desde que tenía cuatro años facilitó que desde muy joven ejercitase el control o mejor dicho la atención sobre la mente y la meditación. Son prácticas que me han acompañado durante toda mi vida.

¿Quién es gente que sabe, personajes tan presentes en La senda del chamán?

Es una forma de definir a toda persona que busca la libertad y que trata de conocerse y de hacerse a sí mismo. Esto es lo que hace a alguien digno de ser gente que sabe. Se trata de un viaje interior al lugar donde habita el verdadero yo para aprehenderlo y usarlo a favor de uno mismo y de los demás.



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La senda del chamán
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Está considerada como la gran novela espiritual del siglo XXI, escenificada en el siglo XIX.