 |

Entra en nuestra sala de meditación
El primer lunes de cada mes, a las 22.00h., se realiza una meditación conjunta. Estáis invitados todos aquellos que deseéis llevar a cabo un trabajo interior bajo el influjo de la energía vital de la que habla el libro. Sigue adelante para conocer en detalle la experiencia de nuestra sala de meditación.
Si quieres contarnos tus experiencias con esta meditación envíanos un correo e iremos seleccionando los textos para publicarlos en la web.
La energía vital
En nuestra sala de meditación haremos una práctica para reavivar la energía vital latente en el interior de cada persona.
Para que esta energía vital se active podemos realizar determinados pasos vinculados a un deseo u objetivo personal. El objetivo que se formule no puede implicar de forma consciente ninguna clase de daño ni afectar negativamente a ningún ser. Ejemplo de actitudes correctas: encontrar la paz, felicidad, serenidad, salud, mayor grado de consciencia, felicidad para todos los seres...
El aliento y la fortaleza que recibiremos a través de esta energía vital estarán vinculados a nuestro objetivo durante el tiempo que realicemos la práctica; incluso, el efecto continúa posteriormente.
Cada persona puede notar unas sensaciones distintas al realizar esta práctica, que a continuación vamos a explicar. Estas percepciones son específicas para cada uno. Pueden ser auditivas, sensitivas, visuales... incluso pueden prolongarse o suceder posteriormente mientras dormimos. Hay quien sentirá un profundo estado de relajación, otros una especie de corriente fresca de aire, un cosquilleo, una vibración, un pensamiento, una luz, una presencia...
Al notar esa sutil percepción, que en cada uno podrá ser diferente, sabremos que hemos activado y desplegado esa energía interior y que nos acompañará en las prácticas que hagamos. Si no se percibiese nada especial, o se dudara de haberlo percibido, no hay más que insistir para lograr los beneficios que aporta esta práctica. Y, lo consigas o no, trata de estar allí, estés donde estés, consciente de que estás allí, en ese momento, haciendo lo que estés haciendo. El anhelo bienintencionado de nuestra práctica es suficiente motivación para que esa energía vital se vaya manifestando desde nuestro interior.
Una vez se ha sentido esa sensación, pensamiento... o se tiene la certeza interna, esa percepción se puede renovar en cualquier momento y circunstancia fortaleciendo cada vez más los beneficios de la práctica. No sólo durante el día y la hora de la práctica. A cualquier hora, en cualquier momento podemos realizar esta práctica y sentir sus beneficios.
Para transmitirlo a otras personas, uno debe aprehender el significado que para él ha tenido, y tiene, esta conexión psíquico-espiritual, para así poder comunicar su verdadera dimensión y valor a otros.
Esta energía se traslada a través del árbol simbólico, que nosotros mismos colaboramos en que crezca en nuestro interior.
El hecho de que tantas personas, al mismo tiempo, el mismo día y a la misma hora, estemos conectadas desplegando nuestra energía interior y con un objetivo común: mejorar algo del mundo y de nosotros mismos, crea una fuerza creciente que conlleva claridad a nuestras conciencias y a las de otras personas, y un efecto multiplicador de enormes connotaciones espirituales.
Con esta práctica se pretende concentrar la energía psíquica y espiritual de muchas personas hacia objetivos beneficiosos para la humanidad y para uno mismo, pues lo que va a favor de la evolución espiritual de uno también obra a favor del resto de los seres.
La práctica
Para empezar esta práctica es mejor elegir un lugar tranquilo, con una luz tenue y lo más silencioso posible, donde podamos estar unos minutos sin ser interrumpidos. Respiremos lenta y pausadamente, siempre que sea posible por la nariz. Cerremos los párpados, y ya estamos preparados para comenzar nuestra sesión.
Sentados cómodamente o tendidos boca arriba sobre algo mullido (una manta, una colcha...), observemos cómo respiramos a través de la nariz. Al principio es mejor no forzar la respiración, sólo observemos qué sucede. Pasados un par de minutos veremos cómo ella misma se va regulando y se vuelve más lenta y profunda. Hemos de tratar de que además sea silenciosa. A partir de ahí intentemos que sea aún más lenta, más profunda, más silenciosa, y sigamos observando. Veamos cómo el pecho, el diafragma... se elevan y descienden, y cómo respiramos no sólo a través de la nariz y de los pulmones, sino que es todo el cuerpo el que respira: la cara, los brazos, las piernas, los órganos internos, cada poro de la piel, cada célula... todo respira con nosotros, todo ello somos nosotros, respirando, relajadamente, profundamente...
La respiración profunda y lenta permite que el organismo se libere de tensiones y la mente se centre en lo que hace y en sí misma.
Ahora podemos enunciar con el pensamiento nuestro objetivo, y enfocar la mente hacia él. Cojamos aire lenta y profundamente; notemos cómo penetra en nuestro cuerpo junto a lo que queremos lograr, y cómo nos vamos relajando aún más a medida que inspiramos; al espirar lentamente percibimos cómo el aire sale suavemente haciendo el camino inverso; de esta manera sentiremos que nuestros pensamientos se calman y que nuestra mente ha aprehendido el objetivo que nos hemos propuesto.
Ahora percibiremos que no estamos respirando solos, sino que junto a nosotros hay otros compañeros de práctica que nos acompañan en nuestro camino de crecimiento interior. Y esa respiración común se transforma en una energía vital que nos inunda por completo al inspirar y se expande a nuestro alrededor al espirar. De la misma forma que recibimos esa energía cuando inspiramos la entregamos cuando espiramos en un ciclo sin fin de dar y recibir.
Para avanzar en esta práctica mental y espiritual debemos interrogarnos sobre cuál es el origen de la motivación que nos mueve. Si nace del deseo de huir, de rechazar, de lograr reconocimiento, riquezas u otras cosas de origen externo, no conseguiremos hacer de ella un fiel aliado. La recta motivación es la que trata de conocer la naturaleza de la mente, y de este modo apartar el sufrimiento y dejar paso a la comprensión. Y, gracias a la comprensión, somos capaces de ver que la recta motivación es la que incluye el propio avance espiritual y el de los demás. Y, de esta forma, todo nos es dado, ya que todo lo entregamos, y la respiración es el símbolo y el vehículo para lograrlo.
Conforme vayamos percibiendo este proceso, comprobaremos cómo vamos alcanzando un estado de sosiego y equilibrio.
Podemos percibir la paz y la felicidad ahora mismo, en este momento, mientras estamos haciendo esta práctica. Lo único que debemos hacer es vivir conscientemente este instante e iremos notando cómo nos vamos sumergiendo en un estado de felicidad, ascendiendo juntos en ese árbol simbólico.
SUBIR
|
|